La leyenda de la carrasca de Lecina

Por Nacho Pardinilla nacho@radiquero.com

En el pequeño pueblo de Lecina, situado en el corazón de la Sierra de Guara, vive uno de los árboles más hermosos de Aragón. Por eso desde aquí queremos invitar a todo el mundo a que venga a conocerla y disfrute de su belleza.

Cuenta la leyenda que hace muchos años Lecina estaba rodeada de impenetrables bosques de encinas y robles, que servían de refugio a osos, lobos y sobre todo a brujas. Éstas eran temidas por los lugareños porque causaban innumerables desgracias, como muertes de animales y personas, enfermedades, tormentas, etc.

Por el contrario las carrascas del bosque estaban contentas porque así las gentes del lugar no se atrevían a entrar en él y coger leña.

Pero la más joven de las encinas estaba muy disgustada, pues veía que el bosque tenía muy mala fama y sentía pena por los habitantes del pueblo. Disgustada por todo esto no dejaba que ninguna bruja se refugiase en sus ramas.

También eran frecuentes las discusiones con los demás árboles. Las brujas, que oyeron las protestas de la joven , decidieron por un tiempo ir a otra parte y quisieron agradecer a las carrascas más viejas el apoyo prestado concediéndoles todo lo que desearan. Un grupo de árboles, que eran muy presumidos, quisieron que sus ramas y hojas fueran de oro. Otras encinas deseaban desprender uno de los más deliciosos perfumes. Y por último, otras pidieron que sus hojas fueran brillantes y de cristal. Unicamente la pequeña encina quiso continuar siendo como siempre.

Transcurridos tres días desde que las brujas abandonaron el bosque comenzó una fuerte tormenta de viento y nieve. De repente, como si millones de copas cayeran al suelo, los árboles de cristal quedaron hechos añicos y terminaron muriendo.

Otro día, por allí cerca, pasaba un pastor con su rebaño y no pudo hacer nada para detener a sus ovejas que se lanzaron como flechas a comer las hojas aromáticas.Después los del pueblo cortaron esas encinas para alimentar a sus ganados.

Sólo quedaban los árboles convertidos en oro, que no tardaron en ser desmenuzados por ladrones y vecinos, lo que dio gran riqueza al pueblo.

De todo lo que fue el bosque únicamente sobrevivió el arbolito más joven y que desde entonces todos respetaron y dejaron crecer. Es la misma carrasca que hoy contemplamos y que a pesar de los muchos años que tiene continúa dando bellotas muy sabrosas, por lo que es llamada la Castañera.